Llevo casi dos años y medio completamente alejado del periodismo, luego de renunciar a Xinhua News, agencia de noticias de la República Popular China, donde me pagaban una miseria y trabajaba demasiadas horas. Luego de eso me he dedicado a cualquier cosa. Primero estuve participando en una investigación en La Legua de Emergencia, en el programa de intervención del Departamento de Seguridad Ciudadana, tuve que reanudar mis ayudantías (etapa que pensaba superada) y convertirme en relator del proyecto Transantiago.
Es decir, he tenido que alejarme totalmente de lo que estudié, puesto que no hay mucho trabajo, y donde lo hay en general el sueldo es poco, y peor aún, no pude entrar al círculo de periodistas top que trabaja en los grandes medios. Soy de los que está afuera, pero con un trabajo que al menos es de un profesional, pues he visto a otros periodistas trabajar hasta de mozo o telefonista.
Algunos de los compañeros que tuve (con quienes no tengo mucho contacto la verdad) están decepcionados y arrepentidos de estudiar esta carrera, pocos han logrado tener un sueldo de un profesional en lo nuestro o tener un puesto decente de un área ajena a la nuestra. Este tema ya se ha tratado mil veces en distintos blogs, o artículos, el lloriqueo es la tónica cuando te encuentras con algún conocido (a menos que sea famoso y te salude como si hubieran sido amigos de toda la vida… a propósito ¡Hola Eva!). Pero analizando la situación, creo que más que un problema del mercado laboral (exceso de periodistas y pocos cupos laborales), el problema radica en la mala formación que recibimos en la Universidad.
Los periodistas somos mal mirados por los demás profesionales, al definirnos como “un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad”. Si uno mira las mallas de cualquier escuela de Periodismo es fácil notar que tenemos una enorme cantidad de ramos de “formación general” que no apuntan a nada, son una mira simple a todo saber de las humanidades y las ciencias sociales sin una dirección concreta. Luego tenemos ramos como periodismo de especialidad, donde se trata que escojamos un área donde profundizar, no del conocimiento, sino de como escribir noticias para esa sección.
Los profesores viejos entienden el periodismo solamente como reportear, entrevistar, salir al lugar de los hechos, nos preparan sólo para los medios, olvidándose de que el mundo laboral es mucho más complicado en la actualidad. Existen nuevas tecnologías, un mundo más complejo, y sólo escribir notas informativas ya no satisface a nadie, se necesita análisis, contextualización, la temida subjetividad se hace más necesario que nunca. No por nada personas como Carlos Peña o Patricio Navia escriben mejores columnas de opinión que cualquier otro periodista: Saben de lo que hablan y escriben bien.
Académicamente, los periodistas no tenemos como competir frente a un Sociólogo o un Cientista Político, de hecho, cuando en otra carrera existe el ramo de “comunicación” prefieren a Psicólogos, nuestro grado de “licenciado en comunicación social” no sirve de nada ¿Por qué? Pues porque no hemos convertido comunicación en una ciencia social con todas sus letras, al menos en Chile, porque la investigación científica es mirada en menos en la carrera. Me acuerdo a los profesores reclamando por que los alumnos hacían “tesis científicas” y no “tesis reportajes”. Uno tiene que ser magíster o doctor en otra área para validarse como académico, y tener un sinnúmero de publicaciones, pero nuestra licenciatura no vale nada.
Si alguien quiere dedicarse a otras áreas de las comunicaciones, tenemos serias dificultades para competir con Publicistas, Relacionadores Públicos y Comunicadores Audiovisuales, quienes dominan técnicas y habilidades mucho mejor que nosotros para estas actividades. Por supuesto que hay casos y casos, hay muchos directores de TV que son periodistas, o grandes campañas comunicacionales montadas por colegas, pero siempre se debe a conocimientos adquiridos por cuenta propia antes que una formación de escuela.
Que decir de aquellos que se infiltran en el mundo de los negocios, donde pasar de ser Ejecutivos o Ejecutivas de Cuentas, es una tarea titánica, puesto que para Product Manager o director de Recursos Humanos u otros puestos ejecutivos debe enfrentarse al dominio de los Ingenieros Comerciales.
La Universidad no puede darnos todas las herramientas, después de todo nuestras carreras dependen de nosotros mismos y lo que invertimos en superarnos y repararnos para esta era de las informaciones, donde los conocimientos, competencias y experiencias adquiridas son imprescindibles. Pero las escuelas de Periodismo nos hacen un flaco favor al formarnos.
Hay una discusión académica sobre si es necesario tener especialistas tempranos, es decir profesionales que con los 23 años ya tienen fijado su destino laboral, o formar generalistas, como los Bachellor de Estados Unidos o el plan de Licenciaturas Generales de la Universidad Católica, donde luego los profesionales se van especializando y perfeccionando a lo largo de su vida. En ese sentido los periodistas veríamos el fin de la carrera, puesto que tendría que convertirse en un post-titulo como es el caso del Master en Periodismo de la misma UC.
Pero mientras se dicte la carrera, las Universidades debieran convertirnos en profesionales competitivos, con una formación que nos permita entrara a otras actividades, de diversificarse en un mercado laboral cambiante. Si los periodistas de la vieja escuela quieren seguir convirtiéndonos en reporteros, no hay futuro, deberían cerrarse la mayoría de las escuelas pues no hay más puestos de trabajo. Ahora está de moda el “periodistas emprendedor”, que tenga capacidad de generar sus propios proyectos comunicacionales, ok, pero eso exige mayor preparación en el ámbito de negocios.
La verdad es que cada escuela debería centrase en un área en especial, es decir los de la universidad tanto son buenos para el periodismos político e internacional, los de esta otra son hábiles en negocios, y los de esta otra son comunicadores multimediales de primer nivel. Tratar de enseñarnos todo eso y más en un par de ramos no es posible, la formación debe apuntar a una dirección clara, pero sin altos grados de especialización. Investigar, leer y entregar las herramientas para poder fijarnos nuestros propios caminos en un ambiente de alta competición es lo que debería ser el ABC de la formación universitaria.